Hace mas de un mes caminaba por las calles céntricas de Madrid…con cierta incertidumbre, entre el frío borrasco y la llovizna malechosa del invierno europeo, y visualizo un cartel anunciando a Pablo Milanés en el Teatro Haagen Dazs Calderón…es un teatro que data de 1917, tuvo muchos propietarios y poco mas q un nombre, está ubicado en plena calle Atocha, magistralmente en una esquina q tiene presencia de cines, cafeterías, terrazas y una que otra casa mas de presencia bohémica.
Y ahí estuve el domingo 7 de marzo, esperando el momento presencial de Pablo, atizándome con un tercio de cerveza, entre el fastidio de un domingo de lluvias y la interrogante de cual sería el tinte musical para la ocasión. Pues nada de lo que me imaginaba, nada de un Pablo comprometido con una isla desolada de castrismo, nada de cantar Yo pisaré las calles nuevamente, como homenaje a un pueblo que se acababa de derrumbar por un terremoto, nada de rendirle homenajes a nada ni de saludos sobredimensionados…un solo homenaje: las canciones de amor. Podrán decir que suena poco mas que ridícula dicha expresión, pero si, fue un Pablo entregado a sus canciones mas destacadas acerca del amor, la ausencia de alguien, la soledad y las ganas de alguien mas. Un Pablo nostálgico, conciliador y hasta resignado…pero grande.
Y ahí estuve el domingo 7 de marzo, en la segunda planta, fila 2 de un teatro magistral, rodeado de palcos y cortinas rojas…y alfombras rojas, sentado frente al escenario donde al lado de Pablo estaban 2 músicos mas, piano, sintetizador y violín; tres músicos que a la par de la noche me hicieron llorar. Si, confieso que lloré, silenciosamente pero lloré; mientras escuchaba las canciones, detenidamente unas mas que otras, unas mas conocidas q otras, unas mas que no conocía…pero lloré, pasó por mi memoria imágenes de hace mas de 15 años cuando febrilmente me enraizaba a la canción de autor, cuando leía que en Cuba hacia 1959 había mas de 6 millones de habitantes y que cerca del 70 por ciento era analfabeta, que por los 90 me caía bien Fidel o el Che, pero que decidí ser militante comunista no Pro-Cuba; lloré recordando a los amigos que conocí y perdí con esas canciones, que traicioné y me decepcioné de mi mismo. Se juntaron, cruzaron y volcaron tantas emociones el domingo 7 de marzo escuchando a Pablo, escuchándolo después de muchísimo tiempo, creo que de años…no había querido escuchar su música por la Internet o alguna grabación, no había querido informarme como la estaba pasando en los últimos años el Querido Pablo, decidí sentarme y escucharlo solo en ese momento. Eso marco la noche y mis trances con el recuerdo y la canción.
Gracias Querido Pablo por volver a encontrarte, gracias por Tu entrega a pesar de Tu vejez, Tu voz medio gastada y Tu gordura. Gracias por cantar El breve espacio en que no estas, y hacerme llorar un poco mas, por los Años, los años de Yolanda y los buenos tiempos a pesar de malos Para Vivir.
Improvisó el estribillo de Amo esta isla, cantó cerca de 15 canciones y más de una hora, o mucho más.
La parte cómica de la noche la pusieron dos señoras de muy avanzada edad que estaban sentadas a mi lado izquierdo, que pedían a grito que cantara su canción más representativa: Unicornio.
Perdonadme Querido Pablo por no aplaudirte; mis manos, independientes de mi, sujetaban una cámara de móvil que registraba las imágenes y audio de Tu noche.
Y ahí estuve el domingo 7 de marzo, esperando el momento presencial de Pablo, atizándome con un tercio de cerveza, entre el fastidio de un domingo de lluvias y la interrogante de cual sería el tinte musical para la ocasión. Pues nada de lo que me imaginaba, nada de un Pablo comprometido con una isla desolada de castrismo, nada de cantar Yo pisaré las calles nuevamente, como homenaje a un pueblo que se acababa de derrumbar por un terremoto, nada de rendirle homenajes a nada ni de saludos sobredimensionados…un solo homenaje: las canciones de amor. Podrán decir que suena poco mas que ridícula dicha expresión, pero si, fue un Pablo entregado a sus canciones mas destacadas acerca del amor, la ausencia de alguien, la soledad y las ganas de alguien mas. Un Pablo nostálgico, conciliador y hasta resignado…pero grande.
Y ahí estuve el domingo 7 de marzo, en la segunda planta, fila 2 de un teatro magistral, rodeado de palcos y cortinas rojas…y alfombras rojas, sentado frente al escenario donde al lado de Pablo estaban 2 músicos mas, piano, sintetizador y violín; tres músicos que a la par de la noche me hicieron llorar. Si, confieso que lloré, silenciosamente pero lloré; mientras escuchaba las canciones, detenidamente unas mas que otras, unas mas conocidas q otras, unas mas que no conocía…pero lloré, pasó por mi memoria imágenes de hace mas de 15 años cuando febrilmente me enraizaba a la canción de autor, cuando leía que en Cuba hacia 1959 había mas de 6 millones de habitantes y que cerca del 70 por ciento era analfabeta, que por los 90 me caía bien Fidel o el Che, pero que decidí ser militante comunista no Pro-Cuba; lloré recordando a los amigos que conocí y perdí con esas canciones, que traicioné y me decepcioné de mi mismo. Se juntaron, cruzaron y volcaron tantas emociones el domingo 7 de marzo escuchando a Pablo, escuchándolo después de muchísimo tiempo, creo que de años…no había querido escuchar su música por la Internet o alguna grabación, no había querido informarme como la estaba pasando en los últimos años el Querido Pablo, decidí sentarme y escucharlo solo en ese momento. Eso marco la noche y mis trances con el recuerdo y la canción.
Gracias Querido Pablo por volver a encontrarte, gracias por Tu entrega a pesar de Tu vejez, Tu voz medio gastada y Tu gordura. Gracias por cantar El breve espacio en que no estas, y hacerme llorar un poco mas, por los Años, los años de Yolanda y los buenos tiempos a pesar de malos Para Vivir.
Improvisó el estribillo de Amo esta isla, cantó cerca de 15 canciones y más de una hora, o mucho más.
La parte cómica de la noche la pusieron dos señoras de muy avanzada edad que estaban sentadas a mi lado izquierdo, que pedían a grito que cantara su canción más representativa: Unicornio.
Perdonadme Querido Pablo por no aplaudirte; mis manos, independientes de mi, sujetaban una cámara de móvil que registraba las imágenes y audio de Tu noche.

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